Historia

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Durante la época incaica, tan solo el inca y sus familiares podían hacer uso de estos tejidos porque estaba prohibida la caza de la vicuña. La caza se efectuaba cada cuatro o cinco años como un privilegio real; las cacerías consistían en rodeos efectuados con centenares de incas. Las vicuñas eran reunidas en corrales especiales y, luego, se sacrificaban las vicuñas machos, cuyas pieles estaban destinadas exclusivamente al Inca, dándose libertad a las vicuñas hembras y a las crías pequeñas.

Posteriormente, con la dominación española, las cacerías de estos animales se realizaban sin orden ni medida y se repetían con mucha frecuencia, matando también hembras y crías. De esta manera, se produjeron enormes bajas en la existencia de esta especie. En el año 1825, el Libertador Simón Bolívar dictó medidas para evitar su completa destrucción, incluso se estimulaba la domesticación y crianza de la vicuña con premios. Pero con la introducción de las armas de fuego, se continuó con la cacería de las vicuñas casi acabando con la especie.

Actualmente, por las condiciones de las regiones donde habita la vicuña, es difícil vigilarlas; sin embargo, se ha logrado un aumento importante en su población debido a la participación de las comunidades. Se ha intentado frecuentemente la domesticación de la vicuña, pero con resultados variables. Estos animales, cuando son criados desde tiernos, se amansan fácilmente, pero su procreación solo da resultados, generalmente, manteniéndolas en condiciones de libertad, aunque se ha logrado cercar campos apropiados y dejar en libertad los rebaños de vicuñas.

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